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El proceso de crecimiento es natural y
constante, año tras año, absolutamente ajeno al
impacto de acontecimientos exteriores, como cambios institucionales,
devaluaciones, pesificación, globalización, y
hasta incluso guerras. Los vaivenes permanentes y sistemáticos
de los mercados, que llevan a sus participantes de la euforia
al pánico, son la absoluta antítesis del negocio
forestal. Invertir en forestación implica una opción
diferente a la de depositar nuestro dinero y delegar la decisión
de su manejo a una única institución, o persona,
cuya oportuna decisión de “comprar” o “vender”
hace variar su patrimonio en un sentido u otro. La forestación
es un “activo tangible”, real.
La inversión en un bono forestal, implica que mediante
una única inversión, nuestro patrimonio crece
de manera exponencial tan solo regido por las leyes de la naturaleza!
La población mundial, sus demandas y
los árboles crecen naturalmente, de la misma forma que
un bono forestal.
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